Los palios de Siena son diferentes a los de nuestra Semana Santa

Pude visitar la ciudad italiana de Siena a principios de junio, gracias al interés de mi universidad por mejorar su proyección internacional. Quiero decir que el propósito de mi visita era fundamentalmente académico, no turístico. Durante mi estancia, me reuní con diferentes representantes de la Universidad de Siena para estudiar la firma de un acuerdo, y conocer algunas de sus instalaciones de investigación.

Pero entre reunión y reunión, tuve la oportunidad de visitar algunos monumentos históricos de esa ciudad, comerme una buena ración de gelatti, probar los típicos pici o pasta sienesa, degustar algunas copas de vino toscano, y probar algunos platos como el panzanella, una versión toscana con los mismos componentes de nuestro gazpacho. Todo ello gracias en gran medida a la hospitalidad de mis anfitriones universitarios.


Entre los monumentos que visité, uno que me sorprendió fue el ayuntamiento. Este edificio se encuentra en la Piazza del Campo, escenario de las famosas carreras del Palio de Siena. Y de la palabra “palio” va este comentario. Cualquier sevillano (y también los residentes en otras ciudades y pueblos de Andalucía, excepto quizás a los malagueños) asocia la palabra palio con la Semana Santa, y concretamente con la configuración de los pasos en los que se porta a las imágenes de las vírgenes. ¿Qué sería de una procesión sin una “mecida” de su palio en la carrera oficial? Solamente las hermandades “serias” están libres de someter a sus pasos de palio, que así se les llama, a esos movimientos que hacen oscilar los varales del palio.

Así que para mí, el palio es algo que cubre, particularmente a imágenes religiosas, aunque también cubren a obispos y cardenales; bueno, durante una época ya felizmente pasada también cubría la testuz de Franco cuando acudía actos religiosos, pero eso es mejor dejarlo como una excepción (por llamarlo suavemente).

Antes de visitar Siena había pensado que el nombre de la carrera, Palio, procedía de algún elemento histórico, o de la disputa medieval de algún derecho a estar cubierto por el palio. Lo reconozco, no consulté el diccionario. Pero no creo que me ayudase mucho. Porque en el de la Real Academia hay, entre otras, las siguientes acepciones:

1. m. Especie de dosel colocado sobre cuatro o más varas largasbajo el cual se lleva procesionalmente el Santísimo Sacramentoo una imageny que es usado también por el papaalgunos prelados y algún jefe de Estado.

5. m. En determinadas carreraspaño de seda o tela preciosa que se ofrecía como premio al vencedor en la meta.

Y todo esta disgresión semanasantera, ¿a qué viene? Si uno visita el ayuntamiento de Siena, tiene la oportunidad de admirar un fresco llamado “La alegoría del buen y el mal gobierno“, cuyo autor fue Ambrogio Lorenzetti. En una de las escenas allí representada aparece una figura que camina bajo palio.

Mientras la guía me explicaba la interpretación de cada una de las escenas del hermoso fresco, me fijé en esa figura. Cuando le señalé la figura y le dije si aquello era el palio, la simpática señora me aclaró que no, que aquello era un “baldaquino”. La palabra palio, en italiano, se refiere a un pañuelo, que por su riqueza se entregaba como trofeo en las competiciones, como las de caballos, que había terminado tomando su nombre.

Aquello llamó mi atención, y en cuanto pude, busqué de nuevo en el diccionario de la RAE el significado de baldaquino, y encontré que la acepción es:

1. m. Especie de dosel palio hecho de tela de seda damasco.

Es posible que nuestros soldados, como Cervantes, que combatieron la época del Siglo de Oro, fueran espectadores de competiciones y que el ganador saliera cubierto con el palio, sostenido por un baldaquino. Y que finalmente, la parte (el  palio) terminase denominando al todo (el baldaquino).

No quiero jugar a filólogo, en mi universidad hay otras que ya lo hacen con mucha profesionalidad y simpatía. Pero estas situaciones me han pasado antes, en mis balbuceos con el italiano. Desde la primera vez que puse un pie en Italia, allá por 1995, me he encontrado con situaciones más o menos parecidas. Por ejemplo, mi sorpresa al escuchar a un compañero de departamento gritar “¡Ah, la mia gamba!” mientras se agarraba su rodilla después de recibir un golpe. Mi sorpresa no era por el golpe, sino porque la primera imagen que apareció en mi mente fue la de ese marisquito de Huelva, que tanto nos gusta. O la primera vez que recibí un mensaje en el que me indicaban que me iría a recoger un autista al aeropuerto. No tardé mucho en reconocer que no tenía nada que ver con un paciente que padecía un trastorno del espectro autista, sino con el conductor del coche que me llevaría al hotel. Pero durante unos segundos me quedé como dicen mis estudiantes, un poco “pillado”, quizás por una deformación profesional que me hacía ver una enfermedad donde otro podía ver una profesión.

Aunque en fechas distintas, de carácter religioso una y deportivo la otra, tanto la Semana Santa y el Palio, a pesar de sus diferencias, comparten algunas características. Las hermandades y las comtrade son más que meras agrupaciones de personas, influyen en la vida política de las respectivas ciudades y suponen la referencia más importante en el calendario de la ciudad (y también de los hoteleros de ambas ciudades). Il mío caro amigo, Giuseppe Giordano, es un sienés que posiblemente conoce mejor las tradiciones de Sevilla mejor que muchos sevillanos, y con certeza sabe que me adelanta en sabiduría sevillana. Giuseppe me ha ilustrado sobre la similitud entre las músicas que interpretan las bandas de las comtrade y las que acompañan a nuestras hermandades.

Y también, por qué no decirlo, me he encontrado con sieneses, que como algunos sevillanos como yo, cuando llegan esas fiestas, salimos de la ciudad buscando un poco de paz. Como decía, tenemos muchos parecidos las dos ciudades. Y si conseguimos establecer un acuerdo entre nuestras universidades, seguro que encontraremos más.

Anuncios

Al final del cuatrimestre

Hoy he impartido mi última clase del cuatrimestre. Junto con la primera del cuatrimestre, son clases en las que no creo que deba impartir contenido. Mientras que en la primera trato de entusiasmar a los estudiantes, en la última lo que pretendo es que reflexionen.

Mi estado de ánimo coincide con lo que pretendo en esas clases. En la primera, tengo la esperanza y la ilusión de lo nuevo. En la última, me siento un poco melancólico. Además, nunca estoy seguro de que los estudiantes compartan esos propósitos.

En esta última clase, me gusta leerles el siguiente fragmento de la Autobiografía de Eintein:

“He de decir[…] que en Suiza sufríamos menos que en muchos otros lugares bajo esta coerción que asfixia el verdadero impulso científico. En total había sólo dos exámenes; por lo demás, podía hacer uno más o menos lo que quisiera, especialmente, como era mi caso, si contaba con un amigo que asistía regularmente a clase y elaboraba a fondo los apuntes. Esto le daba a uno libertad en la elección de sus ocupaciones hasta pocos meses antes del examen, libertad de la que yo gocé en gran medida y a cambio de la cual pagaba muy a gusto, como mal muchísimo menor, la mala conciencia que acarreaba.”

Albert_Einstein_Head
¿Hay diferencias entre lo que se veía en las universidades en aquellos tiempos y lo que ocurre actualmente? Lo que Einstein contaba de sus años universitarios sigue ocurriendo en nuestros días. Muchos estudiantes apenas pisan las aulas, y su preocupación es tener lo más completa y actualizada posible su colección de apuntes. Cualquier cambio que introduzca el profesor con respecto a lo que había dicho es visto como una trampa.

La exposición no produce aprendizaje

Y sin embargo, muchos profesores siguen pensando que su obligación es transmitir lo que saben a sus estudiantes. Algunos, con una actitud pesimista, se empeñan en demostrarle a los estudiantes lo poco que saben.

Pero son la excepción, y la mayoría piensa que exponiendo los contenidos, los estudiantes pueden aprenderlos haciendo el necesario esfuerzo de memorización y comprensión. Esta metodología sigue el modelo de los “documentales de la 2”. Es decir, se trataría de dar una cantidad más o menos grande de información, esperando que el espectador-estudiante absorba todo el contenido.

Sin embargo, lo que las evidencias científicas nos dicen es que solamente cuando a los estudiantes se les desafía intelectualmente, teniendo que aplicar conceptos, ideas, técnicas, etc.

Alguien puede pensar que eso es lo que se ha hecho toda la vida con las relaciones de problemas, en materias como las matemáticas, la física, etc. Pero lamentablemente, esos problemas generalmente no corresponden a situaciones cercanas a la realidad. Por otro lado, esos problemas lo que consiguen es que los estudiantes aprendan una “mecánica” para resolverlos. Y cuando la aprenden, solamente se tienen que limitar a aplicarla, adaptándola ligeramente a las condiciones del enunciado.

Por otro lado, hace 150 años, cuando Einstein era estudiante, la cantidad de información a la que una persona normal podía acceder era pequeña. Los libros eran caros, las tiradas cortas, había un número pequeño de traducciones. Pero hoy en día ocurre todo lo contrario. Cualquier estudiante puede acceder a una inmensa cantidad de información, a la que además accede de forma inmediata. Si durante mucho tiempo se ha dicho aquello de repetir lo que ya viene en los libros, actualmente es incuestionable que esa no debe ser justificación para que un profesor se limite a exponer los contenidos solamente.

Tenemos que cambiar el desarrollo de las clases, para convertirlas en oportunidades de aprendizaje. ¿Cómo hacerlo? Buena pregunta. Desde luego, la transformación no consiste en elaborar unas presentación en Powerpoint, repletas de efectos y elementos gráficos. Debemos cambiar el centro del aula, para que pase del profesor al estudiante.

2. El “examen” es una forma incompleta de evaluación

La frase preferida por algunos profesores es aquella de que “… no puedo consentir que un estudiante pase de curso sin que se sepa …” lo que sea. El “saberse algo” es sobreentendido por la mayoría como que el estudiante sepa reproducir con mayor o menor fidelidad lo que el profesor considera necesario. En algunos casos, se trataría de definiciones, en otros casos, la enumeración de contenidos.

En mis tiempos de estudiantes tuve que “grabarme” muchos de esos “no puedo consentir”; por citar algunos que me vienen a la memoria: los límites del triángulo de Scarpa, el tratamiento médico de una crisis psoriásica, los mecanismos etiopatogénicos del ulcus gastroduodenal, o el diagnóstico diferencial anatomopatológico entre la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. Con respecto a esta última, años después me enteré que los gastroenterólogos consideraban a esas dos enfermedades como en realidad una misma entidad. Esas supuestas diferencias que aquellos profesores “… no podían consentir” que no supiéramos habían quedado desterradas. Afortunadamente en mis circuitos neuronales, aquellas diferencias habían durado algunas horas después del examen.

Porque eso es lo que ocurre cuando la evaluación o valoración se hace con un mero examen. Lo que un estudiante ha aprendido se borra rápidamente de su memoria. Algunos incluso tienen una frase para ello: “Materia examinada, materia olvidada”.

La evaluación continua, ya sea con preguntas, actividades, etc, contribuye mejor a que el estudiante adquiera lo que el profesor se propone: conocimientos, habilidades, destrezas, etc. Si un profesor confía en que los resultados de una única prueba le van a demostrar si un estudiante conoce la materia, puede equivocarse en gran medida.

Sin embargo, existe la opinión, muy extendida entre los profesores universitarios, de que la evaluación continua es una forma “infantil” de evaluación, y que para evaluar a los estudiantes hay que ponerlos en la situación de que demuestren en una única oportunidad su aprendizaje.

Si acudimos a un símil deportivo, eso sería como determinar quién es el campeón de la liga jugando un único partido, o el campeón de la vuelta ciclista solamente por el resultado de una etapa.

3. La prueba MIR

Aún en el caso de que solamente tomemos como referencia los resultados de una única prueba, a los estudiantes se les debe entrenar en cómo enfrentarse a ella. Y además se le debe dar feedback. Como en el MIR.

La prueba MIR es la oposición que deben superar los médicos aspirantes a una plaza en formación de especialista. Al contrario de lo que se piensa, su objetivo no pedagógico, no pretende determinar los conocimientos de los aspirantes, solamente a clasificarlos, a ordenarlos, para facilitar la elección de la especialidad y de la plaza. Pero los médicos que se preparan la prueba MIR dedican una parte importante de su preparación a comprobar los resultados de los llamados “simulacros” o exámenes simulados. Cada una de esos simulacros le proporciona una información muy útil para determinar si ha conseguido un buen rendimiento o si tiene que volver a estudiar esos contenidos.

El modelo MIR es un buen ejemplo para ilustrar los beneficios de que “sondeemos” el aprendizaje de nuestros estudiantes. Aunque solamente sea para medir su capacidad de memorización, es conveniente que los profesores incorporemos este tipo de pruebas.

Dentro de unas pocas semanas se celebrará la prueba MIR, y como todos los años se volverá a abrir el debate sobre lo mal o bien que preparamos las facultades a nuestros estudiantes para enfrentarse a ese examen. Y entonces es posible que escriba alguna reflexión. Pero mientras tanto, este período de exámenes me deja un precioso tiempo para leer, escribir y especialmente, pensar.

Y espero que mis estudiantes no sufran demasiado con los exámenes “de toda la vida”.

El conflicto de interés en la Universidad de Harvard

Hace algunos años encontré un artículo en el que se denunciaba una situación que bien podría haber ocurrido en mi facultad. Un estudiante de la Facultad de Medicina de Harvard había discutido con un profesor acerca de las posible reacciones adversas de un medicamento. El estudiante, que debía ser bastante empollón, conocía que esas reacciones se habían publicado en la literatura médica, pero el profesor las omitió cuando explicó la lección. Cuando el estudiante le hizo una observación al respecto, el profesor reaccionó menospreciando los argumentos de aquel estudiante.

No sé si algún estudiante de mi facultad tendría un conocimiento tan avanzado de la materia, ni cómo habría reaccionado. Pero aquel estudiante se motivó por el incidente, e indagó. Lo que descubrió es que aquel profesor había recibido una gratificación muy sustanciosa por parte de la compañía farmacéutica que comercializaba aquel fármaco de la discordia.

Una de las muchas diferencias que encuentro entre nuestra sociedad y las anglosajonas es el respeto a las normas. En nuestro medio, esa situación que he descrito se habría amenazado con llevarla ante los jueces, y luego como decía Cervantes, “… fuese y no hubo nada”, quedaría sin responsabilidad porque no se podría demostrar “fehacientemente” que las opiniones del profesor estaban determinadas por aquellos honorarios.

Sin embargo, los responsables de la Harvard Medica School abordaron el asunto como una conducta que no debería haberse producido. No trataron de demostrar que se había cometido un delito, sino que analizaron qué condiciones permitían que eso ocurriera, y sobre todo, que hubiera marcado con una sombra de duda la reputación de toda una institución. Contrasta esta actitud con la que encontramos en nuestro país, que a un político que está imputado por diversos delitos cometidos en el ejercicio de su cargo público, su partido lo defiende con la excusa vergonzosa de que “está imputado pero no condenado”.

Volviendo a Harvard, el decano formó un comité que ha estado estudiando el asunto ha elaborado unas normas para evitar lo que llaman “conflictos de interés entre los profesores y la industria (principalmente la farmacéutica, aunque no exclusivamente ella). Sabiendo que la financiación de esa facultad, y por extensión de toda la universidad, depende de los acuerdos con ese tipo de empresas, el hecho de que se restrinjan las gratificaciones a los profesores indica lo serio que se toma en aquellas tierras el asunto de la reputación institucional.

El lector de este comentario puede tratar de imaginarse cómo responderían algunos de los profesores de una facultad de Medicina española, si se intentara implantar unas normas semejantes. A continuación enumero las principales limitaciones que se van a implantar en aquella facultad.

  • Los profesores deben hacer públicas sus intereses acerca de la financiación, a través de una web llamada Harvard Catalyst.
  • A los profesores no se les permite actuar como portavoces o divulgadores de productos de la industria farmacéutica. Tampoco se le permite recibir retribuciones por actuar como conferenciante en condiciones que reducen la independencia intelectual del profesor.
  • También se prohibe que los profesores realicen investigaciones clínicas con productos o dispositivos en los que tengan intereses económicos, ya sea porque reciben gratificaciones en dinero o porque posean acciones de esa empresa.
  • Una prohibición muy curiosa, pero que seguro que aquí levantaría ampollas: se prohibe recibir regalos, viajes o invitaciones para comer.

El impacto de la iniciativa debe haber sido grande, porque la misma universidad ha elaborado un código de aplicación a todos los profesores de Harvard, no sólo a los de Medicina. Otras universidades y algunos hospitales están también elaborando normas similares.

Desconozco si esa iniciativa ha provocado alguna reacción opuesta entre los profesores de aquella facultad. No he encontrado ninguna referencia, aunque supongo que alguno se sentirá perjudicado en sus intereses particulares. Pero lo que personalmente me ha atraido de la experiencia son dos aspectos:

  • El desarrollo consensuado de las normas, mediante la participación de distintos sectores de aquella comunidad. He dicho en alguna otra parte que no todo se puede decidir a golpe de votación, porque de esa forma no se favorece el proceso de adaptación a las ideas y opiniones de otros. Alguno me ha llamado demagogo por esto, aunque viniendo de posturas reaccionarias, es casi  un halago.
  • El hecho de que un estudiante fuera el detonante del proceso me resulta muy interesante, y habla bastante bien del respeto con el que se tratan las opiniones de todas las personas en aquellos ambientes. Acostumbrados como estamos al desprecio hacia las opiniones contrarias, y especialmente cuando proceden de quienes consideramos inferiores, este episodio me parece muy apreciable. Y ¡atención, profesores! Muchos estudiantes, mientras impartimos clase, además de mirar Facebook o YouTube, también se dedican a comprobar si lo que estamos diciendo puede tener errores. Así que conviene no dormirse en los laureles, y actualizar nuestras clases.

Los estudios de la Facultad de Medicina

A veces, por las obligaciones del cargo, tengo que actuar delante de las cámaras. En el siguiente enlace, dentro de un programa universitario, aparezco en un reportaje sobre la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla (a partir del minuto 34).

P.S. Para los “maliciosos” que se fijan en todo, lo del bolsillo de la chaqueta fue un despiste. ¡Pero me dijeron que no se vería!

Acerca de la crisis de la universidad

El diario El País publica un comentario editorial acerca de los problemas de la universidad española. Aunque sea para criticarla, siempre es de agradecer que los problemas de esta institución reciba la atención del público.

Las universidades españolas están lastradas por muchas ineficiencias y procedimientos que pueden no responder a una imagen de igualdad en los méritos, como también se comentaba en otro reciente editorial de ese mismo periódico, a propósito de un caso ocurrido en la Universidad Pablo de Olavide.

Muchos políticos y periodistas lanzan las acusaciones de endogamia y de otros posibles defectos como los causantes de que nuestras universidades no estén a la altura de lo que se les pide. Y para eso nadie podía haber pensado en mejor herramienta que los famosos “rankings”, como el de Shanghai y otros.

En el editorial mencionado se afirma que:

“Ninguna universidad española está entre las 200 mejores del mundo según el ranking de Shanghái, que las clasifica por su impacto investigador y los reconocimientos internacionales obtenidos.”

Y con eso suelen despachar el asunto. Gracias a los rankings, las universidades se ponen al mismo nivel de lo que muchos de esos políticos si entienden: el fútbol. Parecería que si no tenemos a ninguna universidad entre las 200 primeras es que no hemos entrado en la “Champions”. Pero esa comparación es injusta por varios motivos:

– Los rankings se elaboran teniendo en cuenta los criterios que las principales universidades han establecido. Y esos criterios no siempre reflejan una mejor o peor formación, sino una capacidad para atraer dinero de origen privado, o profesorado procedentes de otros países. Estamos acostumbrados a que nuestros equipos de Primera contraten a jugadores portugueses, brasileños, holandeses, … Pero ¿está nuestra sociedad preparada para que quienes impartan clase no sean personas que a lo mejor ni tan siquiera hablan español? ¿Aceptaríamos que un 40% de las plazas de nuestras universidades fueran ocupadas por estudiantes extranjeros? Personalmente, esas situaciones me parecen muy interesantes, pero me parece que no sería igualmente aceptada por una parte de mis vecinos.

– Los rankings reflejan también una financiación muy generosa de esas universidades, cosa que no ocurre en la misma medida en nuestro país. Y volvamos al fútbol. El presupuesto dedicado a I+D+I en el año 2013 anduvo por los 650 millones de euros, para todos los grupos de investigación, centros y universidades; el presupuesto de uno de los principales equipos de la liga española anduvo por los 618 millones de euros. Sin comentario.

– Habría que preguntarle a los que lanzan los puestos en el ranking si saben cuántas universidades europeas están dentro de esas 100 primeras. Quitando las tradicionales universidades británicas (Oxford y Cambridge), en el resto del continente puede que estén incluidas dos o tres. ¿Adivinan de qué países? Alemania y Francia. No tengo el dato, pero podríamos comparar también el presupuesto que se dedica en esos países a apoyar la investigación y compararlo con nuestro país.

Los rankings centran nuestra atención en un grupo selecto. Pero nos hace olvidar que en los países que cuentan con universidades en ese club, tienen además un número mucho mayor de universidades que no entran en esas categoría. Las universidades españolas tienen que mejorar mucho, muchísimo, pero todas. Pero desde luego, si no se las apoya, la mejora será mucho más difícil de alcanzar.

Las lecturas del mes

La Universidad de Sevilla tiene un sistema de control de los libros que se adquieren. Como profesor no puedo pedir directamente ningún libro. Para adquirir nuevos títulos, tengo que hacer una petición a la biblioteca de la Universidad de Sevilla. Hoy me han enviado un correo para informarme que ya se habían recibido unos libros que solicité hace unas semanas. De esta forma me he encontrado con una serie de lecturas que me van a ocupar algunas semanas.

Estos títulos son los siguientes:

Higher Education in America: Derek Bok. El antiguo rector de la Universidad de Harvard hace una evaluación del sistema universitario norteamericano. Seguro que en sus comentarios encontraré argumentos para desmontar algunos falsos mitos sobre cómo se organizan esas universidades, reconociendo sin embargo que su prestigio está muy lejos del que podamos alcanzar las universidades españolas.

Higher Education in the Digital Age: William G. Bowen. Otro antiguo rector, esta vez de la Universidad de Princeton, analiza el nuevo horizonte al que se enfrenta la enseñanza universitaria convencional, a la que le ha surgido un competidor, la enseñanza online.

Contemplative Practices in Higher Education: Powerful Methods to Transform Teaching and Learning: Daniel P. Barbezat, Mirabai Bush. ¿Yoga universitario? ¿mística en el campus? Este título, escrito por un profesor de Economía de la Universidad de Amherst (Massachusets, EE.UU.) le presenta al lector una perspectiva espiritual sobre lo que se puede hacer en la enseñanza superior. Reconozco que es el título por el que tengo más curiosidad, porque se aparta mucho de lo que habitualmente discuto con mis compañeros (docencia, horarios, aulas, etc).

Bayes’ Rule: A Tutorial Introduction to Bayesian Analysis: James V Stone. Este título aparentemente proporciona al lector un curso “paso a paso” para realizar análisis estadístico bajo el enfoque bayesiano. Un aspecto curioso es que el autor es un neurocientífico, que trabaja en un departamento de Psicología.

II Jornadas de Farmacia Rural

La experiencia de las jornadas de Farmacia Rural que se organizaron el año pasado en El Madroño, animó a los organizadores a seguir con la iniciativa, aunque trasladándola a otro pueblo, con la intención de que este tipo de iniciativas no se limiten y agoten en un único sitio. Este año, las jornadas se harán en Jabugo, pueblo de la sierra de Huelva, que es bastante conocido para los aficionados al Jamón Ibérico.

El programa de las jornadas es el siguiente:

1ª JORNADA (16/11/2013)

Encarnación Mellado Durán. Directora del Centro de Formación Permanente. Universidad de Sevilla. Presentación de las Jornadas

Juan Ramón Lacalle Remigio. Decano de la Facultad de Medicina, Universidad de Sevilla. “Concepto de salud: evolución histórica y socio-cultural”

 Módulo 1. Epidemiología y salud pública.

  • De qué enfermamos. Problemas de salud más relevantes de nuestro entorno. Angel Vilches
  • Cómo generar salud. Consumo de drogas de abuso e intoxicaciones en una zona rural. Información, prevención y tratamiento. Leandro Picabea

 2ª JORNADA (23/11/2013)

 Módulo 2. Farmacología en la salud y la enfermedad.

  • Los fármacos pueden dañar nuestra salud. ¿Cómo usarlos de forma correcta?. Javier Miñano
  • Grupos de fármacos más utilizados en un medio rural.  ¿Qué deberíamos saber?.  Rosario Maldonado

3ª JORNADA (30/11/2013)

 Módulo 3. La oficina de farmacia como espacio de salud.

  • Para qué sirve una farmacia. Una perspectiva histórica y social. Francisco González.
  • Interacciones medicamentosas. Importancia de una adecuada administración del fármaco. Marta Mota.

4ª JORNADA (07/12/2013)

 Módulo 4. Los problemas de corazón.

  • Cardiología, hábitos de vida y manejo de medicamentos. Emilio Molina
  • Fuentes de información en Internet útiles para las personas con problemas de corazón. Ramiro Navarro

5ª JORNADA (14/12/2013)

 Módulo 5. Obesidad y diabetes: nuevos modos de enfermar para una sociedad nueva.

  • Obesidad: cuando una sociedad pasa en poco tiempo de morir de hambre a morir de la abundancia. Raquel Guerrero
  • Diabetes: mucho más que azúcar en sangre y tomarse unas pastillas. Federico Relimpio

Clausura de las Jornadas. Entrega de diplomas.  Dra Dª. Maria Teresa García Gutiérrez. Vicerrectora de Relaciones Institucionales. Universidad de Sevilla