La agonía en la educación

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Fuente: http://agenda.obrasocial.lacaixa.es/es/-/vf-agon?result=true

La Fundación La Caixa ha montado una exposición titulada “Agón“, dedicada a la competición en la Antigua Grecia. La palabra griega, agón, se refiere a la lucha en un sentido positivo. Los romanos usaban la palabra “certamen”. Aunque parezca raro, parece que de esa palabra griega deriva nuestra “agonía”, que para nosotros tiene un significado de terminación, de abatimiento. Sin embargo, Unamuno, por cierto catedrático de griego, escribió una obra titulada “La agonía del cristianismo“, en la que usaba esta palabra con el sentido de lucha.

La exposición recogía objetos y obras relacionadas fundamentalmente con los juegos de tipo deportivo en aquella cultura. Entre otros, se exponían cerámicas con las coronas (de olivo, de laurel, etc) y que servían para premiar a los triunfadores.

Uno de los contenidos que llamó mi atención fue el de la educación. A los niños griegos se les educaba, entre otras competencias como decimos ahora, para competir. Esta idea de superación se le transmitía desde pequeños, para que al alcanzar la edad de 12 a 14 años pudieran participar en competiciones.

Nos quejamos de que nuestros estudiantes tienen una actitud egoísta, que se preocupan más por su calificación que por lo que aprenden en nuestras clases. Les echamos la culpa por comportarse de esa forma. Pero quizás debamos reflexionar sobre la responsabilidad de nuestro sistema de enseñanza. Lo mismo que a los niños griegos se les enseñaba a competir, a nuestros estudiantes los sometemos a una tensión permanente para ser los mejores.

En estos días se están matriculando los estudiantes admitidos en Medicina y en Biomedicina. Sus calificaciones están entre las más altas de todos los que entran en la universidad. Y seguro que esas notas no son el resultado de una casualidad, sino que son la consecuencia de los años de esfuerzo que  han dedicado estos estudiantes al estudio.

Y ahí no acaba la cosa. Cuando acceden a nuestra facultad, casi inmediatamente se les impregna sobre la importancia de tener un buen expediente para elegir la plaza en el MIR. Incluso escucho a estudiantes de primer o segundo curso que ya tienen pensada la especialidad que quieren hacer.

Pero esa actitud no surge espontáneamente. Me cuentan algunos estudiantes como algunos profesores no dedican la primera clase a ilustrar a los estudiantes sobre lo que les puede interesar de la asignatura, sino a explicar cómo conceden las matrículas de honor, y que este premio está limitado. De nuevo, la competición.

Pero la educación no debería ser solamente una competición. Creo que cuando nos educan, nos transforman, cambiando nuestras visiones iniciales por otras más complejas,  más amplias. Seguro que la competición interviene en esa transformación. Las ideas de la “gamificación” o ludización se basan en gran medida en que el estudiante se enfrente a retos que tiene que superar, como si de una competición se tratara.

Los profesores de universidad tenemos poca influencia sobre cómo y qué se enseña en las enseñanzas medias. Pero podemos evitar los elementos que hagan que la competitividad sea el principal motor del estudiante. Pongamos los medios para que la educación no se convierta en una lucha agónica del estudiante.

 

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Majados

Para la acción de triturar varios alimentos tenemos el vocablo “majado”. Cuando llega el verano, una receta típica de Andalucía es el gazpacho, que se prepara machacando varias hortalizas (tomate y pimiento fundamentalmente).

Pero ahora tenemos otra oportunidad para usar la palabra majado. Y es para referirnos a algo bastante alejado de la gastronomía. Los “mashups” son productos, habitualmente audiovisuales, que combinan contenidos tomados de diferentes obras. La traducción que he encontrada más cercana en castellano es la de majado.

Los resultados de este tipo de trabajos es en muchos casos un bodrio. Pero también es cierto que suelen ser una forma muy económica para crear contenidos. Alguien pensará que a costa del trabajo de otros, pero es que acaso no es eso lo que ha venido ocurriendo desde el principio de la humanidad. Los escritores se imitan entre sí, transformando las ideas, los personajes, etc. Lo mismo se puede decir de los arquitectos, los pintores, los músicos, etc. De hecho, en gran parte, las obras de arte se inspiran en la naturaleza, y no por ello desmerecen nuestra opinión.

Personalmente, donde más me divierto con este tipo de trabajos es con las películas. Y podemos encontrar buenos ejemplos de lo que se puede hacer “mashapeando” o majando escenas diversas. Uno de esos sitios es Movieclips, donde los aficionados al cine se pueden dar un buen atracón de videoclips construidos a partir de escenas de diferentes películas.
El más malo de la película