Innovar no tiene edad

La universidad, como otras muchas instituciones, opone muchas resistencias a las innovaciones, particularmente en lo que se refiere a la enseñanza. No quiero decir que los universitarios sean más inmovilistas que otros profesionales. Pero, claro, en las sociedades avanzadas se espera que los cambios precisamente procedan de quienes trabajamos en la educación superior.

Cada vez que he intentado promover cambios educativos en mi entorno, me he encontrado que otros profesores apelan a que nuestras condiciones no permiten esas aventuras, o que nuestros estudiantes no se encuentran a la altura que se espera, etc, etc. Entre esas justificaciones, confieso que me irritan las que aluden a la ingenuidad y “juventud” de los que las proponemos.  Según el razonamiento de esas personas, toda propuesta de innovación no es más que el producto de una mente poco experimentada y que por lo tanto no es capaz de ver todos los inconvenientes que otra persona con más experiencia si es capaz de ver.

¡No hay que caer en esa trampa! No es más que un argumento reaccionario, y fácil, para no entrar a discutir los cambios. Esas actitudes desdeñosas no merecen que las tengamos en cuenta; intentan cerrar el debate sin tan siquiera analizar las propuestas. Pero lo que me llama la atención es que muchas veces, esas alusiones a la ingenuidad juvenil proceda de personas que, por su edad, no deberían hacerlas.

Hace unas semanas, el profesor Kierszenbaum impartió una charla sobre la enseñanza de la Histología en mi facultad. Afortunadamente, la conferencia se grabó y está disponible para que cualquiera la pueda ver en el siguiente enlace:

http://tv.us.es/videoembed/?numberpost=34017

Cuando uno se encuentra con personas, casi personajes, que siguen queriendo innovar a pesar de su edad, me siento doblemente reconfortado. En primer lugar, por mi interés en cualquier propuesta para innovar en la enseñanza.

Pero en segundo lugar, porque me ha demostrado que la capacidad para crear nuevas soluciones no es una cuestión de edad, sino de capacidad intelectual, curiosidad y afán por progresar.  Y el profesor Kierszenbaum tiene esas características.

Este comentario se alargaría enormemente si incluyera su currículo científico y académico. Pero al menos diré que es el coautor de un manual de Histología, recomendado en gran número de universidades de todo el mundo.

De igual manera, no entraré a comentar las propuestas que presentó en su conferencia. Para eso recomiendo que se vea la grabación disponible en el enlace. Solamente subrayaré que su idea es que el estudiante aprende cuando hace algo, y no se limita a escuchar pasivamente lo que el profesor le explica.

Al final de la conferencia, hubo un coloquio entre el conferenciante y los asistentes. A mi pregunta sobre como conseguir que se produzca la transformación de una institución como una facultad de medicina, su respuesta fue muy sencilla: “Empieza, aunque sea dando pequeños pasos, porque el ejemplo irá cundiendo”. Qué otros te oigan, querido Abraham.

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Los palios de Siena son diferentes a los de nuestra Semana Santa

Pude visitar la ciudad italiana de Siena a principios de junio, gracias al interés de mi universidad por mejorar su proyección internacional. Quiero decir que el propósito de mi visita era fundamentalmente académico, no turístico. Durante mi estancia, me reuní con diferentes representantes de la Universidad de Siena para estudiar la firma de un acuerdo, y conocer algunas de sus instalaciones de investigación.

Pero entre reunión y reunión, tuve la oportunidad de visitar algunos monumentos históricos de esa ciudad, comerme una buena ración de gelatti, probar los típicos pici o pasta sienesa, degustar algunas copas de vino toscano, y probar algunos platos como el panzanella, una versión toscana con los mismos componentes de nuestro gazpacho. Todo ello gracias en gran medida a la hospitalidad de mis anfitriones universitarios.


Entre los monumentos que visité, uno que me sorprendió fue el ayuntamiento. Este edificio se encuentra en la Piazza del Campo, escenario de las famosas carreras del Palio de Siena. Y de la palabra “palio” va este comentario. Cualquier sevillano (y también los residentes en otras ciudades y pueblos de Andalucía, excepto quizás a los malagueños) asocia la palabra palio con la Semana Santa, y concretamente con la configuración de los pasos en los que se porta a las imágenes de las vírgenes. ¿Qué sería de una procesión sin una “mecida” de su palio en la carrera oficial? Solamente las hermandades “serias” están libres de someter a sus pasos de palio, que así se les llama, a esos movimientos que hacen oscilar los varales del palio.

Así que para mí, el palio es algo que cubre, particularmente a imágenes religiosas, aunque también cubren a obispos y cardenales; bueno, durante una época ya felizmente pasada también cubría la testuz de Franco cuando acudía actos religiosos, pero eso es mejor dejarlo como una excepción (por llamarlo suavemente).

Antes de visitar Siena había pensado que el nombre de la carrera, Palio, procedía de algún elemento histórico, o de la disputa medieval de algún derecho a estar cubierto por el palio. Lo reconozco, no consulté el diccionario. Pero no creo que me ayudase mucho. Porque en el de la Real Academia hay, entre otras, las siguientes acepciones:

1. m. Especie de dosel colocado sobre cuatro o más varas largasbajo el cual se lleva procesionalmente el Santísimo Sacramentoo una imageny que es usado también por el papaalgunos prelados y algún jefe de Estado.

5. m. En determinadas carreraspaño de seda o tela preciosa que se ofrecía como premio al vencedor en la meta.

Y todo esta disgresión semanasantera, ¿a qué viene? Si uno visita el ayuntamiento de Siena, tiene la oportunidad de admirar un fresco llamado “La alegoría del buen y el mal gobierno“, cuyo autor fue Ambrogio Lorenzetti. En una de las escenas allí representada aparece una figura que camina bajo palio.

Mientras la guía me explicaba la interpretación de cada una de las escenas del hermoso fresco, me fijé en esa figura. Cuando le señalé la figura y le dije si aquello era el palio, la simpática señora me aclaró que no, que aquello era un “baldaquino”. La palabra palio, en italiano, se refiere a un pañuelo, que por su riqueza se entregaba como trofeo en las competiciones, como las de caballos, que había terminado tomando su nombre.

Aquello llamó mi atención, y en cuanto pude, busqué de nuevo en el diccionario de la RAE el significado de baldaquino, y encontré que la acepción es:

1. m. Especie de dosel palio hecho de tela de seda damasco.

Es posible que nuestros soldados, como Cervantes, que combatieron la época del Siglo de Oro, fueran espectadores de competiciones y que el ganador saliera cubierto con el palio, sostenido por un baldaquino. Y que finalmente, la parte (el  palio) terminase denominando al todo (el baldaquino).

No quiero jugar a filólogo, en mi universidad hay otras que ya lo hacen con mucha profesionalidad y simpatía. Pero estas situaciones me han pasado antes, en mis balbuceos con el italiano. Desde la primera vez que puse un pie en Italia, allá por 1995, me he encontrado con situaciones más o menos parecidas. Por ejemplo, mi sorpresa al escuchar a un compañero de departamento gritar “¡Ah, la mia gamba!” mientras se agarraba su rodilla después de recibir un golpe. Mi sorpresa no era por el golpe, sino porque la primera imagen que apareció en mi mente fue la de ese marisquito de Huelva, que tanto nos gusta. O la primera vez que recibí un mensaje en el que me indicaban que me iría a recoger un autista al aeropuerto. No tardé mucho en reconocer que no tenía nada que ver con un paciente que padecía un trastorno del espectro autista, sino con el conductor del coche que me llevaría al hotel. Pero durante unos segundos me quedé como dicen mis estudiantes, un poco “pillado”, quizás por una deformación profesional que me hacía ver una enfermedad donde otro podía ver una profesión.

Aunque en fechas distintas, de carácter religioso una y deportivo la otra, tanto la Semana Santa y el Palio, a pesar de sus diferencias, comparten algunas características. Las hermandades y las comtrade son más que meras agrupaciones de personas, influyen en la vida política de las respectivas ciudades y suponen la referencia más importante en el calendario de la ciudad (y también de los hoteleros de ambas ciudades). Il mío caro amigo, Giuseppe Giordano, es un sienés que posiblemente conoce mejor las tradiciones de Sevilla mejor que muchos sevillanos, y con certeza sabe que me adelanta en sabiduría sevillana. Giuseppe me ha ilustrado sobre la similitud entre las músicas que interpretan las bandas de las comtrade y las que acompañan a nuestras hermandades.

Y también, por qué no decirlo, me he encontrado con sieneses, que como algunos sevillanos como yo, cuando llegan esas fiestas, salimos de la ciudad buscando un poco de paz. Como decía, tenemos muchos parecidos las dos ciudades. Y si conseguimos establecer un acuerdo entre nuestras universidades, seguro que encontraremos más.

La evaluación de tecnologías aplicada a la salud digital

Las apps o programas para los dispositivos móviles se han integrado a la vida cotidiana de una gran parte de la población. Eric Topol ha analizado la incorporación de esos programas a la asistencia sanitaria, en un interesante libro que tiene un sugerente título, que traducido al español sería “El paciente lo recibirá ahora: el futuro de la Medicina en sus manos“.

Cuando un investigador desarrolla una nueva molécula, y observa un efecto en el laboratorio, debe someterla a una serie de estudios. La incorporación de nuevos tratamientos es un proceso largo, y solamente unas pocas moléculas llegarán a comercializarse.

Los desarrolladores de estas aplicaciones se preocupan fundamentalmente de que funcionen. Y para eso es para lo que se han formado. Pero el hecho de que “algo” funcione, no implica necesariamente que sea beneficioso para la salud de las personas. Esta situación es similar al desarrollo de nuevos medicamentos. Para que una app se incorpore como un recurso que pueda usar el paciente, o el médico o cualquier otro agente, debe comprobarse que produce un beneficio real.

Este paso, el de la evaluación, no lo entienden muchos de los que desarrollan apps. Sin embargo, contamos con muchos ejemplos históricos en los que dispositivos, aparentemente eficaces por quienes lo desarrollaron, al usarlos en la práctica no solo no lograron ese beneficio, sino que incluso dañaron la salud de las personas en las que se utilizaron.

La evaluación de tecnologías contribuye a asegurar la seguridad del paciente, comprobando si la incorporación de nuevos dispositivos o intervenciones mejoran la salud de las personas. Por eso, muchos sistemas sanitarios hacen una evaluación como paso previo a la incorporación de cualquier novedad tecnológica. Pero esta disciplina no tiene un papel fiscalizador, sino de información.

Los Monty Python en su película “El sentido de la vida” parodiaron el hambre insaciable por todo tipo de dispositivos y “cacharros”. Pero a costa de olvidar que el centro de atención de cualquier sistema es la persona.

La metodología de la evaluación de tecnologías sanitarias se ha desarrollado en los últimos 40-50 años, especialmente con el desarrollo de los meta-análisis y las revisiones sistemáticas. Pero es posible que quienes hacen evaluación aún no han desarrollado las herramientas adecuadas para estudiar todo lo que se engloba bajo el epígrafe de Salud Digital.

En mi opinión, en la actual situación hay dos grupos, los desarrolladores y los evaluadores, que deben encontrarse aunque hasta el momento están en dos orillas opuestas de la realidad sanitaria. Debemos abrir cauces de diálogo y de discusión entre esas dos orillas, para que fluyan las ideas y experiencias en los dos sentidos.

A los primeros, hay que darles a conocer los principios y los procedimientos que se siguen al hacer la evaluación de tecnologías. Eso puede conseguir que desaparezcan algunos recelos en ese bando. Pero sobre todo, puede contribuir a que orienten sus productos mejor a lo que los sistemas sanitarios tienen en cuenta para tomar sus decisiones con respecto a la adquisición de tecnologías.

Los evaluadores también deben incorporarse a este diálogo, para desarrollar métodos de evaluación y mejorar su capacidad de análisis. Los que desarrollan apps pueden aportarles orientación sobre los procedimientos de trabajo, de diseño y de control que siguen hasta poner a disposición del mercado un producto, y cómo en ese conjunto se puede incorporar también la evaluación de tecnologías.

Health 2.0 y la Facultad de Medicina estamos preparando un encuentro, al que queremos invitar a personas procedentes de ambas orillas. Estamos preparando un programa, en el que queremos incluir experiencias de un lado y otro. Pronto anunciaremos la fecha y un programa. Pero mientras tanto, espero vuestros comentarios y sugerencias para poderlas incorporar a ese encuentro.

La agonía en la educación

agoncaixaforum

Fuente: http://agenda.obrasocial.lacaixa.es/es/-/vf-agon?result=true

La Fundación La Caixa ha montado una exposición titulada “Agón“, dedicada a la competición en la Antigua Grecia. La palabra griega, agón, se refiere a la lucha en un sentido positivo. Los romanos usaban la palabra “certamen”. Aunque parezca raro, parece que de esa palabra griega deriva nuestra “agonía”, que para nosotros tiene un significado de terminación, de abatimiento. Sin embargo, Unamuno, por cierto catedrático de griego, escribió una obra titulada “La agonía del cristianismo“, en la que usaba esta palabra con el sentido de lucha.

La exposición recogía objetos y obras relacionadas fundamentalmente con los juegos de tipo deportivo en aquella cultura. Entre otros, se exponían cerámicas con las coronas (de olivo, de laurel, etc) y que servían para premiar a los triunfadores.

Uno de los contenidos que llamó mi atención fue el de la educación. A los niños griegos se les educaba, entre otras competencias como decimos ahora, para competir. Esta idea de superación se le transmitía desde pequeños, para que al alcanzar la edad de 12 a 14 años pudieran participar en competiciones.

Nos quejamos de que nuestros estudiantes tienen una actitud egoísta, que se preocupan más por su calificación que por lo que aprenden en nuestras clases. Les echamos la culpa por comportarse de esa forma. Pero quizás debamos reflexionar sobre la responsabilidad de nuestro sistema de enseñanza. Lo mismo que a los niños griegos se les enseñaba a competir, a nuestros estudiantes los sometemos a una tensión permanente para ser los mejores.

En estos días se están matriculando los estudiantes admitidos en Medicina y en Biomedicina. Sus calificaciones están entre las más altas de todos los que entran en la universidad. Y seguro que esas notas no son el resultado de una casualidad, sino que son la consecuencia de los años de esfuerzo que  han dedicado estos estudiantes al estudio.

Y ahí no acaba la cosa. Cuando acceden a nuestra facultad, casi inmediatamente se les impregna sobre la importancia de tener un buen expediente para elegir la plaza en el MIR. Incluso escucho a estudiantes de primer o segundo curso que ya tienen pensada la especialidad que quieren hacer.

Pero esa actitud no surge espontáneamente. Me cuentan algunos estudiantes como algunos profesores no dedican la primera clase a ilustrar a los estudiantes sobre lo que les puede interesar de la asignatura, sino a explicar cómo conceden las matrículas de honor, y que este premio está limitado. De nuevo, la competición.

Pero la educación no debería ser solamente una competición. Creo que cuando nos educan, nos transforman, cambiando nuestras visiones iniciales por otras más complejas,  más amplias. Seguro que la competición interviene en esa transformación. Las ideas de la “gamificación” o ludización se basan en gran medida en que el estudiante se enfrente a retos que tiene que superar, como si de una competición se tratara.

Los profesores de universidad tenemos poca influencia sobre cómo y qué se enseña en las enseñanzas medias. Pero podemos evitar los elementos que hagan que la competitividad sea el principal motor del estudiante. Pongamos los medios para que la educación no se convierta en una lucha agónica del estudiante.

 

Las agallas de “Pluck”

En wordpress.com proponen numerosas actividades para promover la creación de blogs. Una de ellas son los “Daily Post”. ¿En qué consiste esta actividad? Cada día se propone una palabra, para que los usuarios escriban un comentario o post, usando esa palabra. No hay normas sobre cómo se debe incluir en el post; se deja libertad al usuario para que lo desarrolle según su criterio, o inspiración.

El tema de hoy contiene la palabra pluck. Lo primero que he tenido que hacer es consultar el diccionario, para saber el significado. La idea de desplumar me ha traído el recuerdo de mi infancia, cuando las abuelas desplumaban a las gallinas, previamente “ejecutadas”. El acto de desplumar al ave tenía un aire de descubrimiento. Poco a poco, pluma a pluma, ante nuestros ojos se desvelaba una carne sonrosada, pero con los bultitos donde antes se habían insertado los caños de las plumas.

Pero si uno lee otras acepciones, se encuentra con la de tener agallas. Nunca entendí por qué se usaba esa expresión para referirse a la valentía, o al coraje. Para mí, las agallas eran esas láminas rojizas que tienen los pescados bajo la ijada. En mi memoria, esta expresión la encontraba cuando leía traducciones de cuentos o de historías, o viendo alguna película americana.

Pero jamas la escuché (ni he escuchado) en una conversación en mi entorno. Debe ser otra de esas expresiones que impregnan muchas de las traducciones que encontramos en nuestras librerías. Una de mis recientes lecturas ha sido Estilo rico, estilo pobre, de Luis Magrinyà. Este es un libro que, de forma muy amena, recoge numerosos ejemplos de expresiones que se infiltran en nuestros textos, a partir de traducciones poco cuidadas.

Lo que más me llamó la atención era que mientras leía los sucesivos capítulos, iba reconociendo que muchos de esos errores habían entrado también en mi vocabulario. La sensación que tuve al acabar el libro era la de que uno debía estar con los ojos muy bien abiertos, porque el permanente bombardeo de los medios de comunicación consigue que esas expresiones se cuelen sin ninguna dificulta en nuestro vocabulario.
Pluck

Al lector de este blog

Cuando empecé a escribir comentarios en este blog, lo hice con dos intenciones fundamentales:

  • Probarme en una nueva actividad. Había empezado a leer sobre lo que entonces se llamaba la “blogosfera”, y por mi innata novelería, pensé que tenía que publicar algo (aunque no tenia muy claro el por qué).
  • Aunque lo inicié pensando en mi mismo, también era consciente de que podía ser una herramienta adecuada para presentar algún contenido a mis estudiantes. En aquellos momentos, la plataforma de enseñanza virtual disponible en mi universidad no permitía la inclusión de videos ni otros elementos. Eso si era posible en el blog, y pensaba que ello podría atraer y “enganchar” algo a mis estudiantes.

Pasado el tiempo, creo que ninguno de esos dos propósitos son fundamentales para mi. Lo de la blogosfera se ha visto superado por nuevos recursos. Y para los estudiantes cuento ya con una versión de la plataforma que permite la creación de blogs.

Entonces, ¿por qué sigo escribiendo? Bueno, porque al obligarme a escribir (a pesar de mi actitud desidiosa), también empiezo a fijar mejor algunas de mis ideas, después de haber leído algo. Este ejercicio de reflexión es lo que más valoro.

Pero también me he dado cuenta de que algunas de mis publicaciones las consultan personas de distintos países y nivel cultural. No uso herramientas analíticas, pero empíricamente, algunos de mis estudiantes han leído mi blog, y me han comentado que les parecen de interés. Me parece que no tanto por lo original de mis ideas, sino porque vuelco en ellos algunas de mis lecturas, que a veces no son muy conocidas en mi ambiente.

Creo que, si tengo que describir cuál es el tipo de lector medio para el que escribo, diría que es un universitario (estudiante o graduado), al que le interesan ciertos aspectos de la enseñanza universitaria, y más específicamente relacionada con la Salud Pública y los métodos estadísticos.

Pero ¿estoy en lo cierto? Si alguna persona lee este comentario y cree que su perfil no coincide con esas características, le agradecería que escribiese una respuesta a este post.

Formas de aprendizaje en el aula

Acabo de conocer una nueva herramienta de Twitter: las encuestas. Y he aprovechado que voy a empezar un nuevo cuatrimestre, para hacerle mi primera encuesta a los estudiantes del Grado en Óptica y Optometría.
La pregunta y el resultado son los siguientes:

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Aunque la representatividad de estas encuestas puede ser más que cuestionable, me sirve para discutir con los estudiantes cómo enfocar el aprendizaje, en general, y de mi asignatura en particular.