Mis vacaciones con la clase magistral y el aprendizaje activo

Como muchos españoles, dedico el mes de agosto a disfrutar de mis vacaciones. Pero confieso que estoy enganchado a Internet y que no puedo dejar de mirar todos los días si se publica algo en los blogs que suelo seguir.

En vacaciones suelo hacer un viaje turístico a algún destino más o menos atractivo. En mi familia, aunque renunciamos a ejercer de turistas, nos gusta aprovechar los viajes para conocer mejor el lugar visitado un poco más allá de lo que te presentan las agencias.

Por eso, y alguna circunstancia especial, este mes de agosto he tenido la oportunidad de pensar acerca del aprendizaje activo y el valor de la clase magistral. Tres han sido los acontecimientos que me han llevado a pensar en este asunto.

1. Conferencia de aprendizaje inmersivo

Asistir a esta conferencia ha sido para mí una extraordinaria experiencia. He tenido la oportunidad de integrarme en un grupo de profesores de distintas especialidades y procedencia, pero que compartimos el interés por transformar la enseñanza de nuestros estudiantes.

Ha sido la primera conferencia, organizada por las universidades de Berkeley y Samuel Merrit, ambas cercanas a San Francisco, California. El subtítulo de esta conferencia era “Enseñar mediante pedagogías colaborativas centradas en el estudiante“, que por su longitud da idea de que los organizadores quisieron abordar muchos aspectos de la enseñanza. En este enlace se puede consultar el programa.

Aunque las diferencias de idioma me convirtieron en el elemento “exótico” de la conferencia, pude disfrutar (y aprender) en un ambiente amable y enormemente participativo. Además, en esta ocasión, todos los participantes éramos profesores de la rama sanitaria (Medicina, Enfermería, Trabajo Social relacionado con la Salud, Biomedicina, etc).

Foto Juan Ramón y Amin

Con Amin Azzam, en un lunch break durante la conferencia

En las próximas semanas tengo previsto publicar algunas de mis reflexiones sobre lo que allí escuché y discutí. Pero una conclusión muy importante que he sacado es que, esencialmente, los problemas al innovar en la enseñanza son muy parecidos en todo el mundo. Pongo un  ejemplo para ilustrarlo: en nuestras facultades llevamos tiempo discutiendo sobre si la prueba MIR mide el aprendizaje real del estudiante o solamente su preparación para una prueba. Pues una discusión parecida existe en Estados Unidos sobre el valor de los exámenes UMSLE, que son las pruebas nacionales para acceder a la formación especializada.

En cualquier caso, esperemos que esta iniciativa cuaje y se siga repitiendo en los próximos años.

2. La discusión “religiosa” entre Carl Wieman y los defensores de la lección magistral

Casi coincidiendo en el tiempo con mi visita a Berkeley, se celebró en Glasgow una cumbre sobre la excelencia en la enseñanza. Una de las conferencias la impartió el prof. Carl Wieman, de la universidad de Stanford,  premio Nobel de Física y promotor de unas interesantes experiencias para transformar la manera de enseñar en las universidades.

Su mensaje es que no podemos seguir ignorando todas las evidencias a favor del aprendizaje activo. La clase magistral, viene a decir, debe desterrarse de la enseñanza (fundamentalmente la universitaria). Alguna universidad, como la de Stanford y la Columbia Británica han decidido abandonar la clase magistral.

Tiendo a pensar que mi entorno académico más cercano se opone con virulencia a cualquier novedad educativa que se proponga. Y que en otros ambientes, mucho más progresistas, hay una actitud más favorable hacia el aprendizaje activo.

Pero después de ver la polémica de la conferencia de Wieman, parece que la oposición contra la innovación no es exclusiva de mi facultad. Y lo que es más llamativo, algunos de esos opositores reaccionan como si se tratase de una cuestión cuasi-religiosa. Como muestra, vean la intervención del vicerrector de la Universidad de Glasgow. Con un tono agresivo, que uno no esperaría en un flemático profesor británico, afirmó que hay evidencias que demuestran la superioridad de la clase magistral.

Parece que las espadas están en alto. Parece que los profesores estamos divididos en dos bandos; los que llamo magistralistas (defensores de la enseñanza tradicional, donde al estudiante se les transmite la información) y los activistas (que proponen que el estudiante aprenda mediante actividades en las que tiene que poner en juego su conocimiento y capacidad de aprender).

Veremos cuál será la siguiente “batalla” entre los dos bandos.

3. La Sonderaktion Krakau

Aprovechando mis vacaciones he visitado Polonia, y particularmente cracovia. Esta hermosa ciudad posee una universidad, la Jaguelónica, que se encuentra entre las más antiguas del mundo. Por sus aulas pasó, entre otros, el astrónomo Nicolás Copérnico.

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Traigo esto a colación porque en esa universidad sucedió un triste episodio durante la ocupación nazi de Polonia. El nombre en clave de la operación fue la “Oferta Especial a Cracovia” (o Sonderaktion Krakau en alemán). ¿En qué consistió ese episodio? Un responsable nazi convocó al rector y a los casi 180 profesores numerarios de la universidad a una “lección magistral”, en una de las aulas de la universidad. El propósito (aparente) era el de informarles sobre cómo se iba a organizar la educación universitaria en el nuevo régimen que se había implantado. Pero esa clase magistral no se impartió, porque aparecieron un grupo de soldados alemanes que cachearon y detuvieron a todos los profesores allí presentes. Su destino fue el campo de concentración de Buchenwald.

Este episodio patético, ¿qué tiene que ver con el aprendizaje activo? Cuando me lo comentaron, me causó una desagradable impresión. Aquellos nazis se burlaban de lo que representaban aquellos profesores universitarios, parodiando su trabajo. Para mí, la lección magistral tiene una solemnidad que es lo que aquellos bárbaros quisieron atacar.

La lección magistral puede tener su utilidad como método de enseñanza. Cuando critico que los profesores universitarios enseñemos con lecciones magistrales, lo hago porque pienso que hay otras formas mucho más efectivas para que el estudiante aprenda. El debate entre los que defienden su uso y quienes proponen el aprendizaje activo se parece a un debate ideológico entre conservadores y progresistas, a los que antes he llamado magistralistas y activistas. Y como todo debate ideológico, las posiciones de unos y otros se expresan apelando a opiniones, en vez de usar datos y observaciones.

En el mundo estamos sobrados de políticos populista, ya sea en Asia, o a un lado u otro del Atlántico. Esperemos que en el mundo académico, las discusiones sobre cómo enseñar apelen a lo racional, evitando lo sentimental. Porque no se trata de ganar ninguna batalla, sino de conseguir que nuestro futuro sea mejor.

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Nuestra propuesta para enseñar la mentalidad de diseño

Apenas hace un par de días que se cerró el plazo para presentar propuestas a la convocatoria de proyectos Jean Monnet. Este programa financia actividades docentes que promuevan un mejor conocimiento de la Unión Europea. Pero que también fomenten la innovación educativa y atraigan a estudiantes de aquellas carreras (como las de ciencias o las técnicas) que tienen menos contacto con lo que significa la Unión Europea.

Para esta convocatoria hemos presentado una propuesta titulada Designing creative and innovative thinkers for European health challenges. En la propuesta participamos profesores de las universidades de Oulú (Finlandia), Copenhague (Dinamarca) y Génova (Italia), además de la Universidad de Sevilla.

La mentalidad de diseño, o design thinking, se refiere a un procedimiento para proponer soluciones a problemas, desplegando la creatividad y teniendo siempre en cuenta las necesidades de las personas a las que va dirigida la solución.

Fases del desarrollo de la mentalidad de diseño
Fuente: Wikimedia Commons

El concepto tradicional del diseño industrial se refiere a la fabricación de objetos materiales. Gracias a los profesionales del diseño, muchos objetos de nuestra vida cotidiana son prácticos y fáciles de usar. No quiero dejar de mencionar a la Bauhaus, esa escuela de diseño que en la Alemania de entreguerras revolucionó muchos ámbitos del diseño: en la arquitectura, el mobiliario, la tipografía, la cerámica, etc. A cualquiera que viaje a Berlín le recomiendo que aproveche la oportunidad y visite el museo dedicado a la historia de la Bauhaus.

Pero volvamos a la mentalidad del diseño. Tim Brown, un profesor de ingeniería en la universidad de Stanford, acuñó el término hace más de treinta años. Y desde entonces, su método se ha ido extendiendo a lo largo y ancho de este mundo. A diferencia del diseño de objetos, la mentalidad de diseño busca la creación, no de objetos, sino de soluciones. Los problemas que se pueden abordar son de naturaleza muy diferente, entre ellos los del campo biomédico. Por esa razón es por la que hemos hecho la propuesta.
Queremos llenar un gap que encontramos en la formación de nuestros estudiantes.

Quizás la palabra que más mencionamos en la propuesta sea creatividad, que constituye una de las bases para que los estudiantes desarrollen una mentalidad innovadora. Las universidades proporcionamos a nuestros estudiantes una enorme capacidad para adquirir conocimientos. Pero no estoy tan seguro de que los entrenemos para que sepan qué hacer con esos conocimientos. Partimos de la idea de que todos nuestros estudiantes tienen una capacidad enorme para crear, pero que está sepultada bajo todos esos conocimientos que les impartimos. Modestamente, nuestra propuesta, a través de ciertas actividades, puede ayudarles a que liberen su creatividad, y a aplicarla en la solución de problemas reales.

Siguiendo las normas de la convocatoria, hemos tenido que inventar un acrónimo. Como era mi primera vez, reconozco que me ha costado bastante encontrar uno. Afortunadamente, algunas herramientas en la red me han ayudado en ello, como Acronym Creator.

Para los que hacemos la propuesta, si finalmente es aprobado y financiado, este proyecto también supondrá un reto, en varios sentidos:

  • la necesaria coordinación entre personas que trabajamos en distintos ambientes, más allá de las diferencias por vivir geográficamente separados;
  • el conseguir atraer a los estudiantes para que se interesen por este tipo de formación no convencional, y ciertamente alejada de lo que la mayoría ha vivido a lo largo de sus años de formación en la escuela y en la universidad.
  • el esfuerzo por difundir las actividades desarrolladas. La Unión Europea promueve las Oes (Open Science, Open Access y Open Data). Una parte no despreciable de la redacción del proyecto se dedica a enumerar y describir las actividades que llevemos a cabo. Hemos elaborado un ambicioso plan de comunicación, incluyendo redes sociales, videos y podcasts. Seguramente, la difusión será uno de los aspectos a los que tengamos que dedicar un esfuerzo mayor; pero por ser algo relativamente novedoso, nos hace ilusión enfrentarnos a estas tareas.

Aunque ahora tenemos que esperar varios meses, hasta conocer si superamos la evaluación y se nos concede la ayuda, al menos contamos ya con un material para abordar otros proyectos relacionados. Os los iré contando en este blog.

La medicina es una ciencia incierta (aunque los estudiantes de Medicina no se lo crean)

Al empezar el cuatrimestre, dedico un tiempo de clase justificando a los estudiantes de medicina por qué tienen que estudiar mi asignatura, la Bioestadística. Aunque no estoy seguro de convencerlos, lo intento preguntándoles de forma un poco provocadora si creen que la Medicina es una ciencia. Habitualmente asienten, y en ese momento les replico que por eso tienen que estudiar la asignatura.

No he comprobado hasta que punto consigo cambiar sus ideas previas sobre la utilidad de los conocimientos estadísticos.

Las leyes de la Medicina es un librito que, después de leerlo, me ha proporcionado algunas ideas sobre el papel de la incertidumbre en el trabajo clínico. El subtítulo, Apuntes para una ciencia incierta, me parece particularmente apropiado. La visión popular en la literatura, en el cine y últimamente en las series de TV, presenta al médico como un ser omnisciente.

El autor, Siddhartha Mukherjee, combina una brillante carrera como oncólogo médico, con otra como escritor, en la que ha conseguido un premio Pulitzer.

Portada del libro

Para un profesor de Bioestadística, encontrarse que un libro, escrito por un médico, está dedicado a Thomas Bayes no deja de ser un detalle más que llamativo. Pero más interesante me parece la primera frase de la introducción:

Este libro trata sobre la información, la imperfección, la incertidumbre y el futuro de la medicina.

(he enfatizado algunas palabras, aunque en el texto aparecen como texto regular)

Información, incertidumbre, … Nada que ver con esa visión irreal de las series de T.V. donde los médicos hacen diagnósticos certeros de enfermedades solamente conocidas para el que la describió, combinando pruebas sofisticadas y un aparente brillante razonamiento. La realidad es muy distinta, y la forma de razonar de los buenos médicos no coincide con la de esos Sherlock Holmes como los que nos presentan en House o en Anatomía de Grey.

Como indica el título, el libro está estructurado en varios capítulos, cada uno dedicado a una “ley” o idea que desarrolla un aspecto de esta incertidumbre.

La mayoría de los planes de estudio de Medicina refuerzan esa visión, porque están más preocupados en que el estudiante aprenda datos y hechos, en vez de procedimientos y razonamientos. Mukherjee explica como, una vez terminada su formación como médico, se dio cuenta de que ese conocimiento era insuficiente:

La profusión de hechos ocultaba un problema más profundo y significativo: la reconciliación entre el conocimiento (cierto, fijo, perfecto, concreto) y la sabiduría clínica (incierto, fluido, imperfecto, abstracto).

Quizás el que más me concierne es el que se titula Una prueba fuerte es mucho más importante que una prueba débil. De forma bastante didáctica, el autor repasa las ideas de sensibilidad y especificidad de las pruebas diagnósticas, y que la interpretación del resultado de una prueba diagnóstica la tenemos que relacionar con la probabilidad a priori de que el paciente tenga la enfermedad o el problema de salud.

En poco más de una hora, uno puede leer completamente este librito. Creo que puede ser de gran interés para estimular la reflexión entre los estudiantes de Medicina. Y no solamente cuando estudian Bioestadística, porque sus reflexiones tienen valor en cualquier momento de su formación de pregrado y como residente; si me apuran, incluso después, cuando ejerzan como médico. Por mi parte, el próximo curso le propondré a mis estudiantes algunas actividades que estén basadas en su lectura.

Para acabar, os dejo una conferencia TED que dio Murkhajee hace algunos años. En ella, no trata exactamente sobre los mismos asuntos que trata en el libro. Pero, con un buen estilo de presentación y storytelling, nos enfrenta a cómo se diseñarán los tratamientos en un futuro no tan lejano. Disfrutad de la charla.

¿Qué nos puede enseñar la expedición de Magallanes sobre la innovación?

En el próximo 2019, entre otras efemérides, celebraremos el quinto centenario de la partida de la expedición que, por primera vez, dio una vuelta completa al globo terráqueo. El 10 de agosto de 1519 partió del puerto de Sevilla una expedición, formada por cinco barcos, y capitaneada por el marinero portugués  Fernando de Magallanes.

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Un Carta de Magallanes por la ruta de Tierra del Fuego. Biblioteca Nacional de Chile CC-SA http://www.wdl.org/en/item/3973/

Este blog se dedica a problemas que, generalmente, tienen poco que ver con la Historia. Quien quiera conocer la historia completa de la expedición puede consultar los tratados especializados. Sin embargo, aquella aventura inspirarnos para analizar los problemas a los que un innovador se tiene que enfrentar si quiere transformar su realidad más cercana.

El espíritu explorador

Habitualmente nos cuentan la historia de las innovaciones de forma lineal, que empieza siempre por la genialidad de un innovador, que tiene una visión clara de lo que hay que hacer. A continuación, traza un plan y finalmente consigue su objetivo sin mayores contratiempos.

Pero la realidad es que para innovar, el proceso es incierto, las resistencias son a veces enormes, y los frutos no siempre se ven al momento. Por esos motivos, la expedición de Magallanes puede servirnos para ilustrar parte de los problemas que nos encontramos al innovar. Pensemos en lo que significaba para un marino del siglo XVI embarcarse en esta expedición: con cartas náuticas bastante incompletas, sin apenas instrumentos de navegación, a un destino incierto, expuestos a los peligros evidentes del mar y de los posibles ataques de los pobladores de esas tierras que esperaban encontrar, arriesgando su vida.   

Naturalmente, no debemos esperar que un innovador tenga que enfrentarse a los peligros de aquella expedición. Como ocurre siempre, todas las imágenes son incompletas e insatisfactorias. Pero he encontrado muchos puntos en común entre lo que ocurre en un proceso de innovación y lo que sabemos de aquella expedición. 

Innovar para superar limitaciones

Magallanes quería llegar a oriente surcando una ruta desde occidente a la Molucas, sin tener que atravesar las rutas marítimas reservadas a los portugueses por un acuerdo entre los dos reinos, el tratado de Tordesillas. Hasta aquel momento, esa ruta era desconocida.

En cualquier proyecto innovador partimos de una situación insatisfactoria, con fronteras, obstáculos o prohibiciones que queremos superar. Ser consciente de esas limitaciones es lo que caracteriza a las mentes innovadoras. La mayoría de las veces nos acomodamos a esas limitaciones y no somos capaces de buscar otros caminos. En una frase que atribuyen a Henry Ford, uno de los “padres del automóvil”, decía que …si hubiera hecho caso de lo que querían mis clientes, habría inventado caballos más rápidos. Desde luego, no todas las innovaciones tienen un carácter tan revolucionario como el automóvil o una nueva ruta marítima; pero en cualquier proceso de innovación, empezamos por reconocer que tenemos una limitación.

Un objetivo claro y definido

Magallanes intentaba demostrar que se podía llegar a las Molucas por una ruta distinta a la que era conocida. Fijaros, su intención era algo muy concreto, y que se podía comprobar.

Muchos innovadores se embarcan en proyectos que quieren cambiar el mundo de arriba abajo, con propuestas tan globales que, llegado el caso, será muy difícil que podamos comprobar.

Un equipo interdisciplinar

Magallanes era portugués; la tripulación era una mezcla de andaluces, vascos, griegos, franceses, y de otros puntos de Europa. Su sucesor, Juan Sebastián Elcano, era un marino vasco, de Getaria. El cronista de la expedición, Prigafetta, era veneciano. Las diferencias idiomáticas y culturales no fueron un obstáculo para conseguir que la expedición consiguiera alcanzar su objetivo.

Está muy asentada la idea de que la innovación solamente la pueden hacer aquellos que son especialistas en un campo. Frente a los equipos monodisciplinares, la mescolanza de participantes procedentes de distintos campos suele dar mejores resultados.

Las recompensas … en diferido

De acuerdo con los documentos disponibles, el rey le concedió a Magallanes una serie de privilegios: el monopolio de la ruta descubierta por el término de diez años; el nombramiento como gobernador de las tierras e islas que encontrasen; una parte de las ganancias del viaje, etc.

Me encuentro frecuentemente con un argumento de que, mientras que no se gratifique al innovador, no se puede innovar. Ciertamente, el innovador debe ser premiado de alguna forma, a cambio del esfuerzo que realiza. Pero eso no puede ser una barrera.

He escuchado a un cierto número (más abundante de lo deseable) que no pueden hacer innovación mientras que no se le reduzcan sus obligaciones docentes. Para estas personas, innovar es una consecuencia, no un motor, de la transformación. Dejando a un lado que esas personas no se encuentren entre las más abiertas a los cambios, ese tipo de argumentación contiene un mensaje reaccionario: la innovación es un cambio al que me obligan; si me obligan, que menos que me quiten otras obligaciones.

La recompensa que le esperaba a Magallanes solamente se materializaría a su vuelta del viaje, no antes. Al innovar no podemos esperar que nos recompensen antes de que acometamos esa transformación.

Aceptar los errores

El descubrimiento del estrecho que hoy lleva su nombre se hizo después de varios intentos. Si después del primer fracaso, Magallanes hubiera decidido volver, la expedición no habría conseguido su objetivo.

Esta es una de las condiciones más interesantes de cualquier proyecto innovador. Frente a lo que ocurre en los procedimientos establecidos, en los innovadores tenemos que estar dispuestos a aceptar los errores, y a analizarlos para aprender de ellos. 

Las decepciones

Cuando llegaron a la Patagonia, y tras los fracasos para encontrar el paso, Magallanes decidió recalar hasta la llegada de la primavera. Pero aquel paraje inhóspito y las penalidades del viaje del paraje hicieron que cundiera el descontento entre la tripulación. Apenas fondearon en el puerto de San Julián, los capitanes de las otras cuatro naves se amotinaron contra Magallanes.

Antes dijimos que las innovaciones no se producen de forma lineal; y tienen que ocurrir momentos de desánimo, casi siempre después de que alguna de los intentos no haya dado el resultado que se esperaba. ¿Cómo afrontarlo?

  • En primer lugar, tener previsto que puede ocurrir. Si siempre lo tenemos en mente, tendremos más capacidad para reaccionar. La comunicación dentro del equipo del proyecto es fundamental. Cada miembro debe sentir que esa situación afecta a todos; de lo contrario, se produce el fenómeno de “abandonar el barco”.
  • Y tomarlo como una oportunidad para mejorar. ¿Cómo? Desarrollando la capacidad para analizar las situaciones cuando son desfavorables, eliminando la idea de culpabilizar a otros de lo que nos ocurre.

En este caso, el ejemplo de la expedición de Magallanes no es el más edificante. Cuando consiguió atajar el motín, ejecutó a una parte de los conspiradores, y a otros los dejó abandonados a su suerte en tierra, sin que nunca más se supiera de ellos. Afortunadamente, no creo que esa sea la forma en la que se resuelven los conflictos en los proyectos. Pero aunque sea a nivel profesional, no es la manera en la que se hace avanzar una idea innovadora.

No se puede innovar sin dificultades

Como comentamos antes, la expedición tuvo que enfrentarse a innumerables peligros y amenazas, y además superarlas. Y varias de ellas son comunes a las que aparecen en proyectos de innovación, como las que comentamos a continuación.

  • Información insuficiente. La cartografía estaba empezando a desarrollarse, los instrumentos apenas eran la brújula y el astrolabio, no llevaban relojes y no podían determinar la longitud geográfica. De manera similar, en los proyectos de innovación no podemos determinar a priori cómo se va a desarrollar, ni cuál es la mejor solución. El innovador debe aprender a convivir con la incertidumbre, y buscar maneras para dirigir su proyecto hacia donde piensa que puede estar la meta que persigue.
  • Adversidades. Cuando la expedición llegó al Pacífico, no tocaron tierra durante varios meses. Los víveres escasearon, el agua dulce que llevaban en los barcos se pudrió, … Los innovadores deben estar atentos a los contratiempos (falta de colaboración, fallos de la tecnología, etc) y buscar la forma en la que pueden superarlos.

Darle continuidad

Magallanes murió en un encuentro con los nativos de las islas Filipinas. Los miembros de la expedición decidieron continuar el viaje y eligieron a Juan Sebastián Elcano como nuevo capitán. Este marino guipuzcoano se encargó de conducir los barcos que quedaban en su vuelta a España, lo que hizo en septiembre de 1522.

A veces, en un proyecto de innovación quien lo inicia no puede continuarlo. En esos casos hay que decidir sobre la continuidad. Y no es raro que la solución sea elegir una nueva dirección que implanta un nuevo objetivo. Los proyectos, si quieren conducir a lo que se proponen, tienen que asegurar una continuidad en las ideas.

Como siempre ocurre, las metáforas y las imágenes son siempre incompletas. Por esa razón, algunos detalles que he comentado pueden parecer traídos por los pelos. Es posible, pero también pienso que ayudar a reflexionar y a atreverse a innovar.

Despega como puedas

Las películas de catástrofes llenaron las pantallas de cine en la primera mitad de los setenta. Como reacción, varias comedias parodiaron ese tipo de películas. Y una de las más populares fue Aterriza como puedas.

Como ya comenté en un post anterior, este verano hice un viaje a San Francisco. Esta vez tomé un vuelo directo desde Madrid, en un gran avión. Tuve la idea de grabar las maniobras antes del despegue. La visión de la pista desde la ventanilla me causó una llamativa impresión.

Nada que ver con aquella película chistosa, pero mientras rodábamos por la pista, me acordé de ella.

Aquí dejo el video.

Destino: SFO from Juan Ramon Lacalle on Vimeo.

 

Mi contribución a La noche de los Investigadores 2018

Entre las actividades de difusión de la investigación más divertida se encuentra la Noche de los Investigadores.

Para este año hemos propuesto una actividad basada en un juego de mesa de nuestra infancia, el de la oca. La idea es despertar el interés por los efectos negativos que el cambio climático puede tener sobre la salud, pero jugando.

Y el community manager de la Universidad de Sevilla se ha fijado en ella. Aquí está el tweet.

 

La clase invertida tiene efecto sobre el aprendizaje de la estadística en grupos numerosos

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En otro post he comentado sobre una experiencia de una forma de enseñanza, la clase invertida, desarrollada con estudiantes avanzados (doctorandos, investigadores, etc), y lo interesante que resultó.

Sin embargo, cuando se trata de aplicarlo a estudiantes de un grado, una opinión muy extendida es la de que, con ese tipo de estudiantes, no cabe esperar resultados tan positivos. Como en tantas ocasiones en educación, esa opinión suele ser solamente subjetiva, y tiene una base empírico muy pobre (por no decir que carece de esos fundamentos).

Un estudio, publicado recientemente, contribuye al debate, haciendo lo que mucho de mis “dilectos” colegas no hacen nunca: recoger evidencias sobre el efecto de la clase invertida, y particularmente en la enseñanza de la Estadística. El diseño del estudio es de tipo cuasi-experimental. Los investigadores evaluaron el impacto de este método comparando las puntuaciones del examen final entre los que recibieron sus enseñanzas con el método de la clase magistral y los que la recibieron con la clase invertida.

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